Entré al consultorio, ansiosa y llena de pánico que erizó los vellos de todo mi cuerpo, se senté en aquella silla tan blanda como si hubiese sido armada para aquellas personas que reciben tan sólo malas noticias, y por esta vez me sentí igualmente identificada; el doctor me miró a los ojos, basto que dijera la palabra que no quería oír para romper en llanto y ver mi vida pasar en un triste minuto, arrepintiéndome cada segundo de lo que había hecho.
Positivo, - dijo el doctor- , y el mundo se cayó para mi madre, que con su instinto sobreprotector y carácter fuerte no pronunció ni una sola palabra.
Era día jueves primero de octubre, me alistaba para ir al colegio y ya estaba tan entusiasmada como hacía ya veinticuatro horas antes. Vestía el uniforme clásico, aquel que cada día los profesores criticaban por su basta corta y por el que los chicos se morían por tocar las piernas firmes de las colegialas.
Apenas entré al salón contaba cada mínimo segundo para que llegara la hora de salida, teniendo ya el permiso de mi mamá para ir a la casa de mi compañera suponiendo que era el cumpleaños de una de ellas. Todo estaba listo, nadie sabía nada y el camino estaba libre para hacer de ese día tan especial y sobre todo, sin dejar rastros de lo sucedido.
¡Por fin!, – dije-, parecía un sueño hecho realidad; apenas tocó el timbre cogí mi mochila y me fui caminando al parque, en donde sería el encuentro.
Tan solo esperé un minuto y ahí estaba, cogidos de la mano caminamos rápido hacia el hotel de la avenida. Ansiosos nos mirábamos los rostros y yo, nerviosa, caminaba chueco, sintiendo que mi piel se erizaba y mis hormonas se movían intensamente. Entramos al primer cuarto que nos dieron, de esos que solo pagas diez soles y tienes una noche completa con una cama mal tendida y quien más que con tu acompañante.
Al cerrar la puerta comenzó todo, una ráfaga de viento nos rodeó y envueltos en el deseo nos tendimos en la cama; al quitar con sus suaves manos la ropa de mi cuerpo cerré mis ojos, imaginando lo tierno que se vería desde el techo y al mismo tiempo sentía esa excitación de la que tanto hablaban los chicos en la escuela.
Por primera vez afirmaba que conocía mi cuerpo por completo, y conocía además lo tan placentero que es estar con una persona a la que quieres mucho e ilusionarte en tal sentido de poder entregarte a ella. Tal vez nunca pensé que ese podría ser el mayor error de mi vida, puesto que a pesar de lo agradable que fue entregarme a alguien, todo acto tiene sus consecuencias.
No recuerdo cuantos días se repitió lo mismo, debe ser porque no parábamos de hacerlo constantemente, hasta que un día en clases me desmayé, tan solo recuerdo que sentí un pequeño mareo e instantáneamente se cerraron mis ojos, supongo que caí mal, porque al despertar me dolía fuertemente la cabeza; llamaron a mi mamá para que me llevara a casa y cuidara de mí hasta que me repusiera por completo. Constantemente sentía mareos y mi mente adivinada lo que estaba ocurriendo. No sé como llegué a decirle a mi madre que había tenido relaciones, tan solo sé que me dio una fuerte bofetada en el rostro cuando llegué a la parte en que dije que frecuentemente tenia mareos.
Ya, al confirmar con el doctor que estaba embarazada, me hizo un tremendo interrogatorio cuando llegamos a casa en el que salió, derrepente, el nombre del padre; la furia se apoderó de ella y salió en busca del maldito.
Hasta ahora no sé nada de él, pienso que alguna de mis compañeras le contó lo del desmayo y rápidamente sacó sus conclusiones; ser una ingenua… creo que me gané el premio mayor con ese puesto, y me arrepiento de aquella mala decisión que trunco mis sueños, pero eso sí, nunca me arrepentiré de haber traído al mundo un niño tan hermoso como el que tengo, aunque igualito a su padre, que si algún día lo llego a encontrar, ¡que se cuide, porque de esa no pasa!
Valery Begazo 5to J

6 comentarios:
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Este es cuento es buenisimo me gusta mucho Valery...!
a mi tambien me gusta mucho =)
muy buenooo el cuentooo.!
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