Y entonces no supe como reaccionar.Mamá me consolaba pero no era suficiente, sentía un vacío tan hondo que tardaría mucho, demasiado tiempo en llenarse.
Había pasado tanto tiempo con ese ser tan especial que durante toda mi niñez jugó y pasó los momentos mas difíciles de mi vida conmigo.
Desde niña solía despertarme por las mañanas y levantarme corriendo desesperadamente a decirle:
-¡Abuelito depierta! ya empieza otro día
El me decía entonces:
-Si hijita, hoy será un día muy divertido.
Tomábamos desayuno juntos y yo tenía que ir a la escuela pero al salir, lo primero que hacía luego de saludar a mamá era:
-¿Mi abuelito?
Mamá me decía:está en casa, esperándote para jugar.
Llegaba a casa y corría a abrazarlo como si no lo hubiese visto en un largo tiempo.
Almorzábamos juntos como de costumbre y mientras yo le contaba lo que había hecho en la escuela , el me miraba con una ternura inexplicable como si le contara un cuento de hadas.
Todo era tan genial, era mi amigo fiel, mi cómplice en mis travesuras, mi consuelo cuando lloraba por alguna razón, mi alegría cuando me contaba sus vivencias.
Pero no todo podía ser tan perfecto, el solo había venido por un tiempo porque necesitaba hacerse unos análisis y los médicos de Lima eran los que hacían esa clase de análisis.
Al hacérselos vió los resultados y me dijo sonriendo:
-Todo está bien.
Ya habían pasado meses y era tiempo de su partida.
Fuimos al terminal, fue entonces cuando me dió un fuerte abrazo y me dijo:
-Sigue siendo una buena niña y volveré pronto a visitarte de nuevo.
Mis ojos se llenaban de lágrimas pero no quería verlo partir triste y tratando de sonreir le dije:
-Asi lo haré.
Durante un mes no supe nada de el, pero suponía que estaba bien.
Cuando mamá recibió una llamada diciendo que su padre había fallecido el día anterior, mamá rompió en llanto y repetía constantemente:
-¡No puede ser!¡No puede ser!
Yo corrí a abrazarla , a pesar que no sabía el motivo de su llanto.
Cuando colgó el teléfono me atreví a preguntarle qué pasaba.
Y me dijo llorando amargamente:
-Tu abuelito falleció de un paro cardiáco.
Yo no podía creerlo, pues mi abuelito estaba bien antes de irse e incluso me había prometido que volvería. Pero ya no sería posible, mi madre me consolaba, mientras yo la consolaba a ella también, pero no podíamos calmar nuestro llanto.
Desde entonces cada vez que lo recuerdo; pienso en todos los momentos que pasamos juntos y me abarca una tristeza al admitir que no volveremos por mucho que queramos, a estar juntos jugando.
Pero para mí, está en cada instante, en cada sonrisa , en cada mirada tierna, en cada alegría.
Es ahí cuando logro comprender que no me mintió al decierme:
-¡Volveré pronto!
Jessica Paola Castro Tafur. 5to J

2 comentarios:
"La vida no tiene sentido si todo termina con la muerte" Yo no creo en ella.
oUuU.. MuY ciertOoO.
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