Mi corazón te aguarda
Al voltear la esquina, todos sus pensamientos se habían tapado como cuando las nubes tapan a la luna. Felipe se quedó atolondrado, ella estaba sentada a no más de dos metros en una banca, se encontraba conversando con un hombre bastante mayor que ella, a medida que Felipe volvió a la realidad no sabía qué hacer, si ir a conversar con María, o hacer un alboroto en medio de la calle, pero luego de pensar milésimas de segundo en eso y volver a fijar la vista hacia ella vio un acto que lo traslado al vacío, a la oscuridad, al infierno, al desierto, sin agua y nada para sobrevivir, la soledad- da lo mismo- , María se estaba besando con aquel hombre mucho mayor que ella.
¡No puede ser!, ¿por qué?, ¿qué hice? – Si nos íbamos a casar, ella me dijo que me amaba y que quería casarse conmigo- todo eso y lo vivido con María pasaba por la cabeza de Felipe.
Se llenó de odio y empezó a caminar hacia donde ella se encontraba, a medida que se aproximaba, poco a poco, sus ojos empezaban a expulsar lágrimas llenas de odio y rencor , el corazón de Felipe estaba como el infierno,saltaba de su pecho, agazapado de furia, no perdonaba nada, llegó hasta María, y pasó lentamente junto a la banca, él no soltaba su mirada hacia ella, con los ojos llorosos y sin decir nada la miró y ella en silencio, incólume lo vio pasar y alejarse lentamente como si hubiese perdido los sentidos y no sabía dónde estaba.
A los pocos segundos María, reaccionó y se olvidó del hombre que estaba a su costado, se puso a pensar en los momentos que pasó con Felipe y a preguntarse- ¿cómo ocurrió esto?-, lágrimas corrieron por sus mejillas, se paró y sin despedirse caminó en dirección contraria a Felipe, eran las 7: 00 pm y empezó a llover.
Felipe era un joven universitario, le faltaba un año para concluir sus estudios de antropología, tenía una atracción por el deporte ciencia, ganó el primer puesto en ajedrez en la secundaria, al terminar el cuarto año de estudio en la facultad, decidió irse de viaje todo el tiempo que abarcaba las vacaciones. Al estar de vuelta y comenzar su último año, conoció a una señorita llamada María, que al instante de verla le gustó, pero con el pasar del tiempo se enamoró de ella, fue como un relámpago fulminante en su corazón, aunque ella tenía ocho años más que Felipe, pero como se dice “En el amor no hay edad”- y es aún más cierto si estas perdidamente enamorado.
Felipe empezó a olvidarse de sus estudios- bueno no completamente- sino que bajaron un poco sus notas, pero igual terminaba aprobado.
Un viernes en la universidad, ya en la cafetería, tomando un cappuccino -que era mi preferido- fue de repente que al escuchar su voz que decía - ¿te molesta si me siento aquí?-, me hizo poner súper nervioso, al punto de expresar una frase, que ni yo mismo advertí haberle dicho, sino después de recapitular dicha escena -¡siéntate conmigo, la noche se nos va!-, ah, eran las 8:30 pm. , con la luna llena por testigo, estaba sentado a su lado, no sabía cómo comportarme, qué decir, ni qué hacer, fue ella la que empezó a platicar- ¿Cómo te llamas?- Felipe, le contesté- , y así comenzó una conversación que duró hasta las 10:00 de la noche y unos minutos más creo. Al despedirme, le dije, -espero que haya otra oportunidad para seguir conversando y ella me contestó amablemente,- ¡claro que sí!, tiene que haberla.
Esa noche dormí pensando en ella- para ser más preciso-, desde que la conocí, dormía pensando en ella, y por supuesto que también había un espacio para mis pensamientos universitarios, pero se habían reducido de alguna forma notoria.
Días después tenía pensado invitarla a salir, lo medité tantas veces, no me atrevía porque le tenía pánico al “NO” aunque en secundaria y parte de la universidad había pasado por varios “NO”, pero lo peor era pensar recibir un “NO” de la persona que consideraba especial, y sobre todo por quien brotaba la pasión más fuerte, llamada AMOR.
Ya que no nos veíamos todos los días, solo 3 veces a la semana, pues ella estudiaba sociología que era su segunda carrera, y pasaba solo por el pasillo que daba a mi aula, me conseguí su correo, pero no por medio de ella sino por una amiga.
Por este medio, recién me armé de esperanzas y valor para invitarla a salir, y me gané un “SI” por respuesta, bueno salimos más de cuatro veces, hasta que a la sexta salida, me declaré completamente enamorado, y al encontrar la oportunidad, la besé, pensando en que me iba a rechazar, me quedé sorprendido al ver que aceptó mis besos, con lo que me dio a entender que también le gustaba, después de eso no me quedó otra cosa más que decirle lo que sentía por ella desde que la conocí y hacer la pregunta de rigor -¿quieres ser mi enamorada?,- creo que los “NO” habían quedado en el pasado, porque recibí por respuesta un - sí quiero-
Si pudiera decir algo bonito de mi vida, sería tu nombre, sin pensarlo dos veces lo diría…… Mi corazón te aguarda!
Ronald Iberos 5to I

1 comentario:
Me gustó este cuento, por el carácter intimista con que fue redactado, realmente bueno.
SAMUEL
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